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Amor místico y amor profano

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Tesoros Cajasur:

Amor místico y amor profano, Julio Romero de Torres

En esta obra, que se expuso por primera vez y con gran éxito en Madrid en 1908, Julio Romero de Torres muestra el contrapunto de dos actitudes personificadas en dos bellas y serenas figuras femeninas. El artista intenta, por lo tanto, contrastar dos sentimientos fundamentales del espíritu humano, como son el amor sagrado y el amor profano, explorados frecuentemente en la historia de la pintura y que tuvieron su culminación en la obra de Tiziano con este mismo nombre que se conserva en la Galería Borghese de Roma.

Cuando esta obra se expuso en Madrid, don Ramón María del Valle-Inclán, realizó sobre ella una espléndida descripción señalando que en ella “hay dos figuras de mujer que tienen entre sí una vaga semejanza, toda llena de emoción y de misterio, algo como el perfume de dos rosas, una que fuese diabólica y otra divina. La rosa de fuego y sangre y la otra de castidad y dolor. Y esta semejanza de tan profunda emoción, parece querer decirnos el origen común de uno y otro amor y que aquellas que van a juntar sus manos, son dos hermanas. Aquel sepulcro que en término distante aparece entre ellas, nos dice, en la paz cristalina y silenciosa del fondo, que uno mismo será su fin”.

En esta composición, y a la izquierda, aparece la rigurosa y severa figura de una hermosa joven vestida de negro, mostrando al espectador una actitud vital impregnada en sobriedad, austeridad y abnegación, puestas al servicio de una íntegra actividad espiritual. A la derecha, una bella muchacha, vestida de blanco, muestra con complacencia el esplendor de su cuerpo juvenil, cuyo espíritu está impregnado, sin duda, de profundos sentimientos amorosos que aluden al goce y a los deleites profanos. Ambas figuras están respaldadas por un espacio que se cierra al fondo con la blanca tapia de una ermita y en la pradera que la precede aparece una joven vestida de blanco, arrodillada y sobre lo que parece un ataúd, configurando una iconografía que, sin duda, alude a la brevedad de la vida y al paso inflexible del tiempo, que termina produciendo el triunfo del espíritu sobre el esplendor de la materia.

Romero de Torres utilizó, para la plasmación de las figuras que protagonizan la escena, una modelo llamada Socorro Miranda, que frecuentemente utilizó en sus composiciones.

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Título: Amor místico y amor profano
Artista: Julio Romero de Torres  (1874–1930)
Fecha: 1908
Técnica: óleo y tempera sobre lienzo
Dimensiones: 168 x 139 cm

Curiosidades

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Guiño a Tiziano

La representación de la virtud y el pecado ha sido un tema frecuente a lo largo de toda la historia del arte. Se representa comúnmente con la imagen de dos mujeres, una elegantemente vestida y la otra lujosamente ataviada o incluso desnuda. Julio Romero conoce bien la pintura italiana y se inspira en la obra de Tiziano, Amor sacro y amor profano. Sin embargo, no representa el tema con el clasicismo del artista veneciano, sino que lo simplifica de algún modo, llenándolo de simbolismo y misterio y lo sitúa en un paisaje esencialmente andaluz.

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Rosa Blanca

En el arte cristiano aparecen frecuentemente flores que contienen una simbología de candor y pureza. Las representaciones de la Virgen suelen ir acompañadas por azucenas, iris, orquídeas, lirio de los valles o rosas. En esta obra, bajo las manos que no llegan a rozarse, la rosa blanca es símbolo de pureza e inocencia.

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Valle-Inclán

Valle Inclán, autor de célebres obras como Luces de bohemia, era íntimo amigo de Julio Romero de Torres. Ambos artistas se influyeron mutuamente hasta tal punto que fue el escritor quien ayudó a escoger el título para este cuadro. Para conocer más sobre la relación entre estos artistas recomendamos la película Valle Inclán y Julio Romero de Torres, un pintor para una ciudad, dirigida por los cordobeses Fátima y Miguel Ángel Entrenas. Está disponible en la plataforma Amazon Prime Video.

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El nicho

En el horizonte de esta obra el artista nos recuerda aquello que nos iguala a todas las personas y que está por encima de la virtud y del pecado: la continua e inevitable presencia de la muerte. El nicho abierto y la joven a los pies del féretro son símbolo del natural destino de todas las cosas.

El autor

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Julio Romero de Torres ante el cuadro original para un cartel. Fotografía, 1912

Julio Romero de Torres

Nace en Córdoba el 9 de noviembre de 1874, en la vivienda anexa del Museo Provincial de Bellas Artes.

Hijo de Rafael Romero Barros, pintor que se dedicó principalmente al género de paisaje y escenas costumbristas y que llegó a ser director de la Escuela Provincias de Bellas Artes, entre otros cargos de importancia, de sus ocho hijos será Julio, junto a Rafael y Enrique quienes sigan sus pasos. A Julio le llegará su primer reconocimiento como una mención honorífica obtenida en la Exposición Nacional de Bellas Artes celebrada en el palacio del Retiro en 1895 con la obra “Mira qué bonita era!”, a partir de ahí se presentará a numerosas exposiciones y muestras de pintura obteniendo premios y menciones tanto a nivel nacional como internacional.

Hacia 1915 es ya un artista de renombre y cotizado que establece estudio en Madrid, pero su vinculación con Córdoba es tal, que es muy común la presencia de la ciudad en sus cuadros, esta característica, junto al simbolismo de sus composiciones son seña de identidad de su pintura. En 1930 morirá Julio Romero a los 55 años por una enfermedad epática, y dos años después se creará el museo que lleva su nombre.

Contexto histórico

Julio Romero de Torres (1874-1930) es el pintor por excelencia de la identidad andaluza. De familia acomodada y de artistas, es coetáneo de artistas como Joaquín Sorolla, y aunque hay coincidencias en las obras de estos dos artistas, como la dedicación a la pintura naturalista y costumbrista en certámenes y exposiciones, Julio Romero no se acerca tanto a las vanguardias parisinas, sino que sigue los impulsos orientalistas del romanticismo y encuentra una gran fuente de expresión en la pintura simbolista. 

Julio Romero se movió entre los grupos culturales de la época: estableció gran relación con la Generación del 98 y artistas reunidos en la capital. Sin embargo, cuando llegaba a Andalucía cambiaba de ambiente y se codeaba con toreros como Guerrita o Machaquito y flamencos como La Niña de los Peines.

Así, en el centro de esta vorágine cultural crea a la Musa Gitana. Julio Romero pintó a las clases más bajas de la sociedad, llegando a ser tachado de inmoral. Logró definir la estética de la mujer andaluza y ensalzar su belleza. Pintó a la mujer de la calle, morena, de ojos profundos. Esta contrasta llamativamente con otros retratos a personas de clase alta, como el de la Condesa de Colomera: rubia, de ojos claros, vestida lujosamente. 

Agradecimientos

Leopoldo Izquierdo Fernández, Director Fundación Cajasur y Director Palacio de Viana.
Miguel Vázquez Arjona, Director de Conservación del Palacio de Viana.
Soledad Sánchez Pérez, historiadora de Arte, Inania Creación Audiovisual y Fernando Sendra estudio fotográfico.

Bibliografía

- BASSEGODA, B.: Antonio Palomino y la memoria histórica de los artistas en España. Ciclo de conferencias: Arte barroco e ideal clásico. Roma, mayo-junio 2003. - Catálogo de la exposición Sorolla en negro. Fundación Bancaja. Valencia 2023. - Catálogo de la exposición “Sorolla. Arte de la luz” Museo Sorolla 14 julio 2015-18 enero 2016. - Catálogo de la exposición “Julio Romero de Torres: símbolo, materia y obsesión” Córdoba 2003. - Catálogo de la exposición: Juan de Valdés Leal. Publicaciones de la Obra Social y Cultural CajaSur. 2001 - REVENGA, P. Y PALENCIA, J.M.: Antonio del Castillo en la ciudad de Córdoba. Junta de Andalucía y Diputación de Córdoba. Córdoba 2016. - Ramírez de Arellano, ed.1983, p.404-405; Valverde, 1961, no33; Valverde, 1976, no63; Zueras, 1982, no105; Moreno, 1994, pp.60-61; Nancarrow – Navarrete, 2004, no65, p.264. - VALDIVIESO, E. Y MARTINEZ DEL VALLE, G.: La colección pictórica del Palacio de Viana. Fundación CajaSur. Córdoba 2017. - VALDIVIESO, E. Y MARTINEZ DEL VALLE, G.: La colección pictórica del Palacio de Viana. Fundación CajaSur. (2a edición no publicada)

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